La Virgen de la basura

Vivir en los suburbios de Buenos Aires implica habituarse a situaciones de inundación y embotellamientos de tránsito que la televisión no suele mostrar porque no escandaliza tanto como en Palermo o Las Cañitas. Pero el inconveniente urbano más urgente que tenemos en el GBA es el de la basura. Aparentemente, cada casa particular (o departamento) es una pequeña fábrica de desechos en constante actividad. Además de los sobrantes diarios de comida, envases, botellas, papeles y bolsas, debemos sumar sillas, computadoras, colchones, floreros, plantas, bicicletas y cualquier otro objeto que la gente ya no desea albergar dentro de sus hogares. Claro que deshacerse de este tipo de cosas, que puede llegar a incluir mobiliarios enteros, debería constituir una eventualidad en la vida de las personas...pero no; siempre tienen algo nuevo para tirar en la esquina.

Ciertas esquinas son escogidas como víctimas de la basura del mismo modo en que elegimos al gordito de la escuela para jugarle nuestras bromas y acosarlo hasta volverlo loco y obligarlo a ir a terapia (?). Nunca se sabe quién es, pero siempre amanece la vereda llena de porquerías, con montañas de mugre que a veces no permiten ver del otro lado. Y aunque el camión recolector pasa bastante seguido (que no tiene obligación, en realidad, porque tirar cosas en la esquina es ilegal) basta con que pasen unas horas para que todo vuelva a cubrirse como si nadie la hubiera juntado. En verano la situación se agrava porque, calor mediante, todo se pudre y genera olores molestos, cuanto menos.

Entonces, la gente que vive en torno a ese horrible lugar toma distintas medidas para intentar cambiar la historia. La primera reacción es salir a patear las bolsas al medio de la calle, lo cual termina por interrumpir el tránsito. Esta actitud belicosa puede derivar en una visita de la patrulla policial. El siguiente curso de acción es hacerse el kapanga (?) y salir a los gritos para desafiar a los vecinos basureros a medirse en un mano a mano. Yo fui testigo de un tipo que realizó esta maniobra con mucho entusiasmo y vehemencia, lo cual ocasionó que otro -que se sintió aludido- saliera a boxearlo (era boxeador) y dejarle un ojo virola al demandante. Por último, recurrimos a llamar a la Municipalidad correspondiente.

Luego de varios intentos en vano con el teléfono, realizados incluso en días y horas inhábiles, nos atiende alguien. El interlocutor nos indica que debemos hablar con Carlitos (¿porqué será que siempre hay un Carlitos?) pero que este se encuentra de vacaciones o con un hijo enfermo o asistiendo a un plenario salarial en Mar del Plata. Preocupados, le suplicamos al hombre que igualmente nos escuche y, tras amplia insistencia, nos permite relatar nuestra historia. El sujeto, habituado a este tipo de reclamos, nos sugiere que coloquemos una Virgen en la esquina. Si, que levantemos un pilarcito de cemento y ubiquemos dentro de una caja de acrílico transparente la figura de la madre de Cristo.

Caramba, este procedimiento funciona a la perfección, se los aseguro. Temerosos de la ira de Dios y de irse al infierno, los inoportunos vecinos deponen la actitud y dejan de tirar basura. El mundo se transforma en un lugar maravilloso y lleno de armonía hasta que algún pelotudo se roba la virgencita. Mi madre me preguntó una vez quién podía cometer semejante acto y para qué. Yo le respondí: "seguro que es alguien que se la puso en el living y le reza todos los días". Pero también pudo haberse tratado de una persona que tenía que arrojar la ropa de algún pariente difunto (¿y que mejor que tirarla a la calle?) y como le daba miedito hacerlo delante de la madre María, resolvió que sería prudente retirarla de allí. Entonces, liberada la zona de la vigilancia Divina, todo los vecinos regresan a su actividad favorita: acumular basura en la esquina.

6 comentarios:

  1. Esta vez sí, me gusto la manera de escribir: simple, directa y a veces irónica. En algun trazo, la prosa se acercó -muy timidamente- a la manera de relatar de Alejandro Dolina... (?)

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    1. Ay, ay. Qué tema éste,el de la basura. El relato me gustó. Creo que está bien escrito, tiene gracia e ironía. No sé si se parece a la manera de relatar de Dolina. Todos los escritores tienen influencias,porque por lo general son ávidos lectores. Creo que cada escritor es él mismo en cada relato. Tratar de encontrar similitudes es para mí odioso.

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  2. La mejor opción es ajusticiar al que tira basura donde no corresponde. En cuanto a la polémica sobre Dolina, yo he leído Crónicas del angel gris y Bar del infierno pero no encuentro relación con este texto. Mientras Dolina habla sobre "el barrio" en forma romántica, Pablo lo detesta y se esfuerza en dejar claro que los arquetipos barriales están allí solo para ser ridiculizados.

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  3. A ver, a ver... transcribo:

    "... En algun trazo, la prosa se acercó -muy timidamente- a la manera de relatar de Alejandro Dolina ..."

    Entendieron?... digo que se "acercó", y que lo hizo "timidamente"...

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    1. Bueno, no te enojes. Entendimos perfectamente.

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  4. Gracias por los mensajes, incluso por aquellos de críticas despiadadas

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